La atención también tiene química
En el artículo anterior conocimos a los mensajeros químicos del cerebro y las zonas donde trabajan. Hoy vemos qué ocurre con ellos en el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
El TDAH no es falta de voluntad ni de inteligencia. Es una forma distinta de funcionar del cerebro, en especial de los circuitos que sostienen la atención, organizan la conducta y frenan los impulsos. Dos neurotransmisores tienen un papel central en esos circuitos: la dopamina y la noradrenalina.
Las zonas del cerebro involucradas
En el TDAH participan sobre todo dos zonas, unidas por los mismos mensajeros:
- La corteza prefrontal, justo detrás de la frente, es el "director de orquesta": organiza, planifica, frena los impulsos y sostiene la atención. Allí vive la memoria de trabajo, una especie de pizarra mental donde mantenemos una información mientras la usamos.
- El núcleo accumbens es el centro de la motivación y la recompensa. Nos ayuda a elegir una recompensa mayor a largo plazo en lugar de una pequeña e inmediata.
Además, en el TDAH se ha descrito un retraso en la maduración de algunas conexiones cerebrales, en especial en el lóbulo frontal. Por eso muchos síntomas mejoran con la edad, aunque no siempre desaparecen.
Los mensajeros: dopamina y noradrenalina
Ambos nacen en grupos pequeños de neuronas del tronco cerebral y desde ahí envían ramificaciones hacia la corteza prefrontal y el núcleo accumbens. La dopamina cumple dos tareas en este circuito:
- En la corteza prefrontal ayuda a mantener activa la pizarra mental, es decir, a sostener una instrucción o una idea mientras se trabaja con ella.
- En el núcleo accumbens marca qué vale la pena: le da "valor" a una actividad y ayuda a sostener el esfuerzo cuando la recompensa todavía no llega.
La noradrenalina regula el nivel de alerta. Con muy poca, la mente se distrae o se "apaga"; con demasiada, se dispersa. La atención funciona mejor en un punto intermedio.
En estudios de neuroimagen, varias personas con TDAH mostraron menos receptores y transportadores de dopamina en el centro de la recompensa. La lectura más aceptada no es que "falte dopamina", sino que la señal llega de forma menos eficiente a los circuitos que sostienen la atención y la motivación.
La genética tiene un peso importante, pero no depende de un solo gen: intervienen muchos genes con efectos pequeños, que interactúan con el ambiente. Nadie "causa" el TDAH por la forma en que educa a un hijo.
"Si se concentra en los videojuegos, no tiene TDAH"
Es una de las frases que más escuchan las familias. La neurociencia ayuda a entender por qué no es así:
Un videojuego entrega recompensas pequeñas cada pocos segundos. Una tarea de matemática entrega una sola, al final, y muchas veces lejana. Cuando el circuito de la recompensa trabaja con menos eficiencia, la persona depende más de que la actividad sea interesante por sí misma.
Por eso el TDAH no es "no poder poner atención nunca", sino tener dificultad para regular la atención cuando la actividad no la atrapa sola. En investigación se ha observado que, cuando se mejora la señal de dopamina, una tarea de matemática se percibe como menos aburrida.
Lo que esto significa en el día a día
| Lo que se observa | Lo que ocurre en el cerebro |
|---|---|
| Olvida una instrucción a mitad de camino | La pizarra mental de la corteza prefrontal retiene menos tiempo la información. |
| Empieza muchas cosas y termina pocas | Cuesta sostener el esfuerzo cuando la recompensa es lejana. |
| Responde antes de que terminen la pregunta | El freno de los impulsos actúa con más lentitud. |
| Elige lo inmediato aunque pierda algo mejor después | El centro de la recompensa favorece lo que llega ya. |
| Se mueve constantemente | El movimiento podría ser una forma de subir el nivel de alerta. |
Nada de esto es pereza ni falta de voluntad. Es una forma distinta de funcionar del cerebro, que se puede comprender y acompañar.
Lo que ayuda
Si el cerebro con TDAH responde mejor a recompensas cercanas y frecuentes, el ambiente puede ajustarse a eso:
- Dividir las tareas en partes cortas, con una pequeña meta visible al final de cada una.
- Reconocer el esfuerzo de inmediato, no solo el resultado final.
- Dejar a la vista lo que la memoria de trabajo no sostiene: listas, agendas, alarmas e instrucciones escritas.
- Permitir el movimiento con pausas activas o tareas que impliquen levantarse.
- Cuidar el sueño y la actividad física, que influyen directamente en estos mismos circuitos.
- Buscar una evaluación profesional. Un diagnóstico claro permite elegir apoyos adecuados en casa, en el centro educativo y, cuando el médico lo considere, en el tratamiento.
Cierre
Entender que el TDAH tiene una base en la química y en la maduración del cerebro cambia la pregunta de "¿por qué no quiere?" a "¿qué necesita para poder?".
En el próximo artículo de esta serie: neurotransmisores y ansiedad, el sistema de alarma del cerebro.
En Mente Abierta realizamos evaluaciones de TDAH y del espectro autista en niños, adolescentes y adultos. Puede escribirnos al WhatsApp 6108-6416 o en Instagram @dr.menteabierta.
Lic. Andrés Carvajal Vanegas, psicólogo clínico (CPPCR 9279)
Referencias
- Higgins, E. S. y George, M. S. (2013). The Neuroscience of Clinical Psychiatry (2.ª ed.). Lippincott Williams & Wilkins.
- Littrell, J. (2015). Neuroscience for Psychologists and Other Mental Health Professionals. Springer Publishing.